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Por: Rommel Andaluz Arrieche | Feb 11, 2018

 

 

Transcribo a continuación el mensaje enviado a una de mis hijas espirituales en el día de hoy, con ocasión de su cumpleaños:

 

Buenas tardes, Hija.

 

Con ocasión de tu cumpleaños, he querido ponerte algunas palabras por escrito. Tengo un buen tiempo sin verte, aunque seguimos manteniéndonos en comunicación.

Quiso el Cielo (Jesús y María) que el día de tu nacimiento coincidiera con la Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Tiene esto, como es lógico, una significación clara: el llamado a una particular unión con la Santísima Virgen.

Nuestra Señora de Lourdes es la patrona de los enfermos, y es aquí donde quiero hacer notar que en el día de hoy se da una hermosa diosidencia (es decir, una coincidencia vista desde una perspectiva de Fe). Las lecturas de la Misa de hoy, 6to Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B), nos hablan de la lepra -terrible enfermedad- y de la curación milagrosa de un leproso, obrada por nuestro Señor Jesucristo.

Así pues, echando mano de la liturgia de hoy quisiera proponerte unas ideas cuya meditación, en la oración personal, puedan ser de utilidad para ti:

 

Sé la roca de mi refugio, Señor, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame (Antífona de Entrada).

 

Pues que sea siempre el Señor quien dirija y guíe tu camino, todo lo proceder.

 

Señor, tú que te complaces en habitar en los rectos y sencillos de corazón, concédenos vivir por tu gracia de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina… (Oración Colecta).

 

Sea tu corazón recto (bueno) y sencillo (humilde), de modo que Jesús y María habiten en él por siempre.

 

El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes...» (Levítico 13, 1-2.44-46).

 

Frente a nuestros pecados (la lepra), reaccionemos con prontitud amorosa arrepintiéndonos sinceramente y volviendo al Señor a través del sacramento de la Reconciliación (la Confesión). Él mismo nos invita a la confianza y la alegría por Su Misericordia (Salmo 31, 1-2.5.11):

 

Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

Dichoso el que fue absuelto de su culpa y a quien se perdonó su pecado. Dichoso el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta su falta y en cuyo espíritu no hay engaño.

Pero reconocí ante ti mi pecado, no te oculté mi falta; pensé: "Confesaré al Señor mis culpas". Y tú perdonaste mi falta y mi pecado.

Alegraos, justos, y regocijaos con el Señor, dad gritos de felicidad los rectos de corazón.

 

Cuánta alegría experimentamos al recibir el perdón de Dios -a través de un sacerdote- en el sacramento de la Confesión o Penitencia. Así lo quiso Jesús, así lo instituyó Él en el día de Su gloriosa resurrección, como nos lo narra el Evangelio de San Juan (Cfr. Juan 20, 22-23).

 

Hermanos: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios (Corintios 10, 31-33; 11, 1).

 

Mantengámonos en presencia de Dios a lo largo del día. Pidámosle al Señor esa gracia maravillosa por intercesión de su Santísima Madre.

 

Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: – «Si quieres, puedes limpiarme». Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: – «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio (Marcos 1, 40-45).

 

Tengamos absoluta confianza en el Señor. Él nos espera para perdonarnos y limpiarnos de nuestras miserias. Y luego de haber sido purificados por Él, vivamos ese:

 

Cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones (Marcos 1, 40-45).

 

Es decir, anunciamos a todos la alegría que llena nuestro corazón: ¡La Infinita Misericordia de Jesús!

 

Que tengas un hermoso día junto a tu buen esposo y tus dos lindos hijos. ¡Feliz cumpleaños!

 

Que el señor y la Santísima Virgen te bendigan y acompañen siempre. Amén.

 

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