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Por: Rommel Andaluz Arrieche | Nov 27, 2017

 

 

Pienso que la mejor manera de comenzar este blog es escribiendo unas líneas acerca de la Santísima Virgen María. Y hoy, 27 de noviembre, se nos presenta una ocasión especialmente oportuna para ello: la Fiesta de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.

 

Esta advocación surge a raíz de una aparición de la Santísima Virgen a santa Catalina Labouré, una humilde monja vicentina (es decir, de la Orden de San Vicente de Paúl), tal día como hoy en 1830.

 

«La Virgen venía vestida de blanco. Junto a Ella había un globo luciente sobre el cual estaba la cruz. Nuestra Señora abrió sus manos y de sus dedos fulgentes salieron rayos luminosos que descendieron hacia la tierra. María Santísima dijo entonces a Sor Catalina:

 

»“Este globo que has visto es el mundo entero donde viven mis hijos. Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre. Me siento tan contenta al poder ayudar a los hijos que me imploran protección. ¡Pero hay tantos que no me invocan jamás! Y muchos de estos rayos preciosos quedan perdidos, porque pocas veces me rezan”.

 

»Entonces alrededor de la cabeza de la Virgen se formó un círculo o una aureola con estas palabras: Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti. Y una voz dijo a Catalina: Hay que hacer una medalla semejante a esto que estas viendo. Todas las personas que la lleven, sentirán la protección de la Virgen, y apareció una M, sobre la M una cruz, y debajo los corazones de Jesús y María. Es lo que hoy está en la Medalla Milagrosa.

 

»El Arzobispo de París permitió fabricar la medalla tal cual había aparecido en la visión, y al poco tiempo empezaron los milagros. (Lo que consigue favores de Dios no es la medalla, que es un metal muerto, sino nuestra fe y la demostración de cariño que le hacemos a la Virgen Santa, llevando su sagrada imagen).» (tomado del artículo La Virgen de la Medalla Milagrosa, de la web de EWTN)

 

Que hermoso es saber que nuestra Madre Celestial está deseosa que nosotros le pidamos para darnos gracias en abundancia. En sus palabras hay un tono de dolor al decir que muchos de sus hijos "no la invocan jamás". Pues bien, que tú y yo seamos de esos hijos que sí la invocan con frecuencia y "veremos lo que son milagros", como decía San Juan Bosco.

 

¡Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti!

¡Gracias por el amor que nos tienes, Madre Santa!

 

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