Mira, Señor, con misericordia a tu pueblo… Venezuela

Por: Rommel Andaluz Arrieche | Feb 20, 2018

 

 

Quisiera compartirles lo que me vino al corazón al leer y meditar en torno a la Liturgia de la Palabra de hoy, martes de la 1ra Semana de Cuaresma:

 

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación… (Antífona de Entrada)

Mira, Señor, con misericordia a tu pueblo que en estos días de Cuaresma usa con moderación de los bienes del cuerpo y aviva en su espíritu el deseo de poseerte... (Oración Colecta)

Salmo 33, 4-5.6-7.16-17.18-19:

El Señor libra de sus angustias a los justos.

Engrandeced conmigo al Señor, ensalcemos juntos su nombre. Busqué al Señor y él me respondió; me libró de todos mis temores.

Mirad hacia él: quedaréis radiantes y la vergüenza no cubrirá vuestros rostros. Cuando el humilde invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de todas sus angustias.

Los ojos del Señor está atentos a los justos, sus oídos, a sus gritos de auxilio; pero el Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su recuerdo.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de todas sus angustias. El Señor está cerca de los que sufren y salva a los que están desconsolados.

 

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¿Cómo no pensar en Venezuela, en lo que allá se está viviendo? Pero Tú, Señor, eres nuestro refugio, a Ti te invocamos día y noche para que nos mantengas firmes en la Fe ante todas las pruebas. Te pedimos también que termine pronto, muy pronto, este duro tiempo de prueba que se ha prolongado por años. Te pedimos: ¡Mira, Señor, con misericordia a tu pueblo! La opresión que allá se vive nos hace recordar aquella otra sufrida por Tu pueblo Israel, en Egipto.

 

Sabemos que Tú nos oyes y no dejas de socorrernos, por eso volvemos nuestros pobres corazones a Ti;  que quedemos radiantes contemplándote, Señor. Consuela, oh Espíritu Santo Consolador, a todos mis hermanos en medio de sus angustias, y no dejes de hacer justicia. Llénanos de perdón y misericordia hacia los opresores, Señor, pero que no renunciemos a la búsqueda de la justicia. Que en nosotros reine Tu Amor, oh Jesús, pero no permitas que queden impunes tantos crímenes abominables que claman al Cielo.

 

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…así será mi palabra, que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía,
sino que hará mi voluntad
y cumplirá mi encargo. (Isaías, 55,10-11)

 

Evangelio según San Mateo 6, 7-15:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así:
“Padre nuestro del cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,
danos hoy el pan nuestro de cada día,
perdónanos nuestras ofensas,
pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido,
no nos dejes caer en la tentación
sino líbranos del Maligno.”
Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

 

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Tú, Jesús, eres esa Palabra que sale de la boca de Dios (Padre). Bajaste del Cielo por amor a nosotros haciéndote verdadero Hombre, sin dejar de ser verdadero Dios. Hiciste en todo la Voluntad del Padre y cumpliste Su encargo: nuestra Redención.

Tú, que nos enseñaste a rezar, ayúdanos a perseverar siempre en la oración. Líbranos del Maligno (demonio), del mal moral (nuestros pecados) y de los males físicos (enfermedades, hambre, etc., pero que los aceptemos humildemente y con paciencia por amor a Ti, cada vez que los permitas). Concédenos perdonar siempre, siempre, a todos los que nos odian, ofenden y/o dañan. Que seamos conscientes que la vivencia sincera, auténtica y profunda de ese perdón de corazón hacia los demás es la condición para ser perdonados por Ti.

 

Que el Señor y la Santísima Virgen nos bendigan y acompañen siempre. Amén.

 

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