El Relativismo Moral Contemporáneo

Por: Rommel Andaluz Arrieche | May 08, 2018

 

Relativismo moral es contrario a la verdad y la libertad

 

Si os mantenéis fieles a mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres… En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado, esclavo es del pecado (Juan 8, 31-32. 34).

 

Hoy en día vivimos en una sociedad que, lejos de promover el conocimiento y apego a la verdad objetiva, promueve con todas sus fuerzas el relativismo moral. En otro artículo hablamos acerca de la moral o ética y su fundamento, ahora comentaremos brevemente las principales causas y orígenes del relativismo moral contemporáneo y por qué se pretenden justificar acciones intrínsecamente malas con la excusa de tener “buenas” intenciones.

 

Causas del Relativismo

 

Para expresarlo de manera sintética, diríamos que las principales causas del relativismo moral actual son [1, 2]:

  • La abdicación del hombre a la verdad y a la responsabilidad
  • La racionalización de quienes viven y desean seguir viviendo como paganos
  • La profunda crisis en torno a la verdad que caracteriza nuestro tiempo

 

Pero, ¿cómo pudieron originarse esas causas? La respuesta a esta pregunta requiere de un recuento histórico -aunque sea muy breve- de algunas corrientes de pensamiento de los últimos cuatro siglos. Intentaremos, pues, realizar este cometido señalando sólo los puntos más relevantes en las líneas que siguen [3].

 

Desde Sócrates (siglo V a.C.) hasta el siglo XVI, la mayoría de los filósofos -y las personas en general- tenían una clara noción de lo que es la verdad: “la adecuación del pensamiento a la realidad”. Sin embargo, en los siglos posteriores ese concepto se irá difuminando de manera gradual en el ámbito filosófico primero y luego, en el vulgo [3, 4].

 

Con René Descartes (siglo XVII) se inicia el pensamiento moderno, el cual está basado en dos actitudes o posturas filosóficas erróneas [3, 4]:

  • Se contrapone -aunque no abiertamente, sino más bien a través de un cierto olvido voluntario o desdén- el conocimiento proveniente de la Fe sobrenatural a aquel conocimiento obtenido por reflexión filosófica, y se termina estableciendo la duda como método.
  • Se abandona la referencia directa a la realidad objetiva como principal foco de atención para centrarse más bien en la idea que nos hacemos de ella, en nuestro propio pensamiento, según aquello de: “pienso, luego existo”.

 

Luego, Immanuel Kant, entre otros (siglo XVIII), profundizan en estas posturas desarrollando el idealismo ilustrado. Van brotando así los primeros vástagos de la semilla sembrada por Descartes [4]:

  • Se hace cada vez mayor la oposición (en realidad, inexistente) entre “dos bandos”: uno de ellos formado por el dúo filosofía + empirismo y el otro, por la Fe.  Se empieza a consolidar así el gran divorcio entre Fe y Razón, entre Fe y Ciencia.
  • Se desarrolla y afianza el subjetivismo.

 

Después, Karl Marx, Friedrich Nietzsche y otros (siglo XIX), llevan más lejos todavía el descamino filosófico [4]:

  • Surge el materialismo, que sostiene que lo único que existe es la materia, y que niega por principio toda realidad espiritual.
  • Se elabora una crítica demoledora de los valores, primeramente por Nietzsche y luego, le seguirán otros.

 

Y a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, el intenso avance de las ciencias experimentales y el progresivo desprecio de la Fe, así como una actitud desconfiada y desdeñosa hacia la reflexión filosófica seria, profunda, desembocará en el positivismo y el pragmatismo, con los reduccionismos que se derivan de ellos: biologismo, psicologismo, individualismo, sociocentrismo, etc. Así se llega finalmente al relativismo moral, en el que cada quien asume sus propias ideas y opiniones como “mis verdades”, “tus verdades”, etc., de modo que se excluye cualquier referencia a una verdad objetiva y universal, válida para todos, en la que se funda la moral humana [1, 2, 3, 4].

 

Venenosa popularidad del Relativismo

 

Vistos rápidamente los orígenes del relativismo moral, nos preguntamos: ¿Por qué el hombre contemporáneo se siente tan inclinado a justificar con “buenas” intenciones o circunstancias “favorables” hechos que en sí mismos son malos: el aborto, la eutanasia, la corrupción (política, administrativa, judicial o en cualquier otro ámbito), el adulterio, etc?

 

Porque todo ser humano, le guste o no, tiene conciencia moral y ésta es “un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que se sabe que es justo y recto…”. Cada vez que el ser humano obra el mal experimenta en el fondo de su corazón el reproche de la propia conciencia, una voz interior que denuncia el mal cometido y que no se calla aunque pase mucho tiempo [5, 6].

 

Frente al continuo tormento que supone ese insistente reproche, el hombre busca una salida. La única salida verdadera a ese penoso estado es el sincero arrepentimiento respecto al mal cometido, el firme propósito de no reincidir, y la disposición humilde de restituir el orden interior -quebrantado por el mal- mediante la rectificación de la propia conducta, la enmienda de vida. Esto, visto a la luz de la Fe, es exactamente lo que nos invita a hacer Jesús en el sacramento de la Penitencia, Confesión o Reconciliación.

 

Sin embargo, muchas veces el ser humano se inclina más bien a tomar un “atajo” que le permita seguir obrando mal pero acallando su conciencia. Es entonces cuando toma el desdichado camino de empezar a fabricar argumentos -¡puras mentiras!- que le permitan cohonestar sus malas acciones. Pero, como la naturaleza humana es una y la misma para todos los hombres, y el paralelismo entre las almas es muy grande, quienes transitan por ese “atajo” terminan estableciendo entre sí un acuerdo tácito cuya carta magna es el relativismo moral, un narcótico colectivo con el que se pretende adormecer la conciencia moral en cada persona [5, 6].

 

Quienes toman ese falso “atajo” y permanecen en él pérfidamente no experimentan paz interior jamás, por ello recurrirán -más temprano que tarde- a algún tipo de evasión fantasiosa que les “alegre”, al menos por un rato, de su continuo pesar: las drogas, el alcohol, la lujuria, los juegos de azar, etc. Esto explica la raíz de la progresiva extensión de las adiciones en las últimas décadas [5, 7].

 

Que el Señor y la Santísima Virgen nos bendigan y acompañen siempre. Amén.

 

Bibliografía

 

[1] Juan Pablo II. (14 de septiembre de 1998). Carta Encíclica Fides et Ratio. Roma: Libreria Editrice Vaticana [versión electrónica], http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html

[2] Juan Pablo II. (6 de agosto de 1993). Carta Encíclica Veritatis Splendor. Roma: Libreria Editrice Vaticana [versión electrónica], http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html

[3] Rodríguez, J.M., y Castro, R. (2016). Guía principal de estudio del Programa de Especialización en Familia. Curso I: Antropología y Familia. Arequipa: Universidad Católica San Pablo. Instituto para el Matrimonio y la Familia.

[4] Hirschberger, J. (1998). Breve Historia de la Filosofía. 13ª Edición. Barcelona: Herder.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica. (1992).

[6] Garreaud, E., y García, P. (2016). Guía principal de estudio del Programa de Especialización en Familia. Curso III: Moral Conyugal. Arequipa: Universidad Católica San Pablo. Instituto para el Matrimonio y la Familia.

[7] Nizama – Valladolid, M. (2003). Guía para el Manejo Familiar de las Adicciones. Lima: Fondo Editorial Universidad Alas Peruanas.

 

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