Personalidad, temperamento y carácter

 

Con frecuencia se confunden los términos personalidad, temperamento y carácter. Veamos la definición de cada uno para aprender  a distinguirlos.

 

La personalidad: es un todo que abarca e integra los diversos aspectos de nuestra manera de ser. La personalidad es la “sumatoria” del temperamento y el carácter. Nuestra personalidad se va formando a lo largo de toda nuestra vida y puede ser ampliamente modificada, tanto para bien como para mal. Lógicamente, hemos de apuntar al mejoramiento de nuestra personalidad y hemos de tener claro que ese mejoramiento implica esfuerzo, trabajo, cultivo, no es algo que se va a dar solo simplemente con el paso de los años. Realmente podemos modificar mucho nuestra personalidad pero eso no ocurrirá sin el concurso de nuestra voluntad.

 

El temperamento: es el conjunto de las tendencias o inclinaciones íntimas que brotan de la misma constitución biológica de los individuos. El temperamento es innato, no es fruto de nuestras decisiones o preferencias, tampoco podemos cambiarlo. Así como nuestras características biológicas son el resultado del aporte o contribución genética de ambos progenitores, nuestro temperamento también tiene un factor hereditario. Esto no quiere decir que el temperamento de los hijos ha de ser el mismo que el de su padre o el de su madre, no. Lo que sí quiere decir es que tanto el padre como la madre contribuyen genéticamente en el temperamento de los hijos. Y por supuesto, en algunos casos ocurre que uno o más hijos tienen el mismo temperamento que alguno de sus padres. El temperamento es el componente fijo, invariable, no modificable de nuestra personalidad. Existen 8 (ocho) tipos de temperamentos.

 

El carácter: es el conjunto de hábitos o disposiciones psicológicas adquiridas a lo largo de la vida, que son inicialmente impulsadas por el temperamento pero que pueden ser ampliamente modificados por la educación, el trabajo de la voluntad, el entorno social y cultural en el que se ha desarrollado y vive la persona, así como también por la reflexión en torno a las propias experiencias de vida. No se nace con un determinado carácter sino que éste se forma en el transcurso de la vida de la persona. El carácter es el componente variable, educable, modificable de nuestra personalidad. Cualquier cambio que se dé en la personalidad se debe única y exclusivamente a cambios en el carácter de esa persona.

 

La formación del carácter se basa en el conocimiento de sí mismo para saber lo que hay que corregir o encauzar en nuestra personalidad.

 

Artículo tomado de Catholic.net y ampliado por nosotros. El original puede ser visto aquí. Copyright © Catholic.net Inc.

 

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