La Gracia de Dios – 2 de 2

La Gracia de Dios – 2 de 2

Fuente: Encuentra.com

 

2.1 Noción de gracia

 

La palabra gracia (del latín gratus: agradable, grato, gustoso) tiene en castellano una amplia gama de significados: la cualidad de una persona o cosa (‘dotada de gracia’), una actitud de afecto (‘caer en gracia’), el agradecimiento (‘dar las gracias’), etc. En el trasfondo de todas estas acepciones resuena un dato común: la palabra ‘gracia’ evoca situaciones en las que el hombre se halla ante lo bello, lo trascendente, la benevolencia, la amistad, en las que está en juego no ya lo absolutamente debido, lo formal, sino lo gratuito, lo que es fruto de la liberalidad o del amor.

 

Es este matiz el que recoge el significado teológico de la palabra. En sentido general, se entiende por gracia todo beneficio que Dios otorga. Y así, en sentido amplio, la creación entera es una “gracia” divina.

 

En estricto lenguaje teológico -y así lo entenderemos en adelante-, la palabra gracia se refiere a la gracia sobrenatural; es decir, a los auxilios sobrenaturales que hacen posible al hombre la consecución del fin sobrenatural al que Dios lo ha destinado.

 

Por eso se afirma que la gracia es:

 

– todo don sobrenatural que Dios da al hombre

– por gratuita benevolencia

– para que pueda alcanzar su fin sobrenatural.

 

Se dice:

 

1o. don: pues es un beneficio que Dios otorga;

 

2o. sobrenatural: pues lo que comunica es la misma vida de Dios, la cual es sobrenatural; es decir, sobre toda naturaleza creada.

 

En sentido estricto, lo sobrenatural no es sólo la elevación de una naturaleza sobre las posibilidades que Dios le infundió y que son inherentes a ella; es un don que trasciende todas las fuerzas, posibilidades y valores de la naturaleza, un don que Dios concede para que logremos la íntima comunidad con Él mismo: su fin es la participación en la íntima vida trinitaria de Dios. Así, no son sobrenaturales aquellas realidades que, aunque suceden de modo extraordinario (p. ej., una curación milagrosa), no rebasan el orden de lo creado;

 

3o. gratuito: siendo superior a la naturaleza, no hay fundamento para exigirlo como debido, sino que procede de la bondad de Dios;

 

4o. para alcanzar el fin sobrenatural: habiendo sido el hombre destinado a este fin, es provisto por Dios de un medio proporcionado -la gracia- para alcanzarlo.

 

2.2. División de la gracia

 

“Se debe distinguir entre:

 

– la gracia habitual o santificante, disposición permanente para vivir y obrar según la voluntad divina, y

– las gracias actuales, que designan las intervenciones divinas que están en el origen de la conversión o en el curso de la obra de la santificación” (Catecismo, n. 2000).

 

La gracia que permanece se llama habitual, porque es un hábito, esto es, algo que se encuentra de modo estable en el alma. La gracia que pasa se llama actual, porque es un acto, que termina después de algún tiempo; p. ej., el deseo de salir del pecado.

 

La gracia habitual se llama también gracia santificante, porque realiza la justificación del hombre, llevándolo del estado de pecado al estado de justicia y santidad. Santifica per se al hombre y lo hace vivir en lo que se llama estado de gracia.

 

La gracia actual se llama también auxiliante, pues es un auxilio que Dios da al alma. A este tipo de gracias pertenecen las propias de cada sacramento, como veremos al tratar de cada uno, y se llaman por ello gracias sacramentales.

 

2.3. La gracia santificante

 

A. Noción

 

Por gracia habitual o santificante se entiende:

 

– aquel don sobrenatural,

– que nos hace participar de la vida divina,

– y que inhiere en el alma,

– a modo de hábito o cualidad permanente.

 

Se dice:

 

a) que nos hace participar de la vida divina, porque la esencia de la gracia consiste en participarnos la vida misma de Dios;

 

b) que inhiere en el alma, y no en sus potencias (inteligencia y voluntad). Es el principio de vida sobrenatural y, por tanto, ha de inherir en el principio vital, que es el alma. Así como la salud se dice que se posee en el cuerpo, así la gracia se posee en el alma;

 

c) a modo de cualidad, esto es, algo que modifica el alma, perfeccionándola;

 

d) permanente, porque perdura a modo de hábito o realidad estable, siempre y cuando el pecado mortal no la haga perder.

 

La gracia santificante:

 

a) se recibe inicialmente en el Bautismo (cf. Catecismo, n. 1263).

 

b) aumenta principalmente por la recepción de los sacramentos, y también por la oración y por las buenas obras (cf. Catecismo, nn. 1127-1129).

 

c) determina la salvación, pues si se posee al momento de la muerte, asegura la bienaventuranza eterna, y si no se tiene al morir, es inevitable la eterna condenación.

 

Los protestantes afirman que el único verdadero pecado es la falta de fe -la infidelidad-, y sólo él hace perder el agrado de Dios. Citando el texto de 1 Cor. 6, 9ss. (“los fornicarios, los adúlteros, los sodomitas, los ladrones, los avaros, los borrachos, los maldicientes, los rapaces… no poseerán el reino de Dios”), el Concilio de Trento condenó esta herejía;

 

d) se pierde por cualquier pecado mortal (estudiaremos este aspecto con detalle, al tratar del sacramento de la Penitencia);

 

e) puede ser recuperada mediante el sacramento de la Penitencia, o bien por la perfecta contrición con el deseo de recibir el sacramento (cf. Catecismo, nn. 1446, 1452, 1453, 1458-70).

 

2.4. La gracia actual

 

A. Noción

 

La gracia actual puede definirse como:

 

– don sobrenatural,

– que ilumina el entendimiento,

– o mueve y conforta a la voluntad,

– para que el hombre sea capaz de realizar una acción sobrenatural,

– de modo transitorio.

 

Es luz en la inteligencia y fuerza para la voluntad. La gracia actual resulta necesaria para cualquier acto de orden sobrenatural: aceptar la fe, evitar el pecado, hacer un acto de amor de Dios, para rezar, conocer verdades divinas, perseverar en la gracia santificante, etc.

 

Ya sea que la gracia actual sea concedida a un justo que la posee de modo habitual, ya a un pecador que se encuentra en pecado mortal, siempre es de orden sobrenatural y tiene por objeto las obras de salvación: impulsa al justo a perseverar en el bien y a crecer en la virtud, y mueve al pecador al arrepentimiento, para que vuelva al camino de Dios.

 

B. Tipos

 

1. Desde el punto de vista del momento en que actúa, la gracia actual se llama:

 

a) gracia antecedente: la que causa el acto posterior;

 

b) gracia consecuente: la que, en el tiempo se da después del primer acto.

La realidad de la gracia antecedente y consecuente nos permite vislumbrar que cuando el hombre realiza actos sobrenaturales está de continuo “arropado” por la gracia, y siempre dependiendo de ella.

 

2. Desde el punto de vista de la facultad humana en la que actúan, hay:

 

a) gracias iluminativas del entendimiento: p. ej., las que se conceden para poder hacer un acto de fe sobrenatural;

 

b) gracias motoras de la voluntad: p. ej., una determinación para acudir a confesarse.

 

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