La Familia: Escuela de Fe y de Valores

La Familia: Escuela de Fe y de Valores

Transcripción de la charla dictada por el Lic. Rommel Andaluz, Orientador Familiar, en la Parroquia Cristo Salvador, con motivo de la celebración de la Semana de la Familia, del 11 al 18 de Septiembre de 2011.

 

Quisiéramos comenzar estas consideraciones de la mano de Niño Jesús, Dios y hombre verdadero, de Nuestra Amadísima Madre Celestial, la Santísima Virgen María, y del Glorioso San José, Patrono Universal de la Iglesia. Ellos, en efecto, nos mostraron en la Sagrada Familia el modelo acabado de lo que ha de ser la familia de cada uno de nosotros.

 

Hemos organizado nuestra charla intentando ser sencillos y didácticos, abarcando los siguientes puntos:

 

1. Breve introducción acerca de la familia y la sociedad

2. La vivencia y promoción de los Valores: una necesidad

3. Hostilidad del mundo actual respecto a la familia

3.1. Ideas falsas muy extendidas en la actualidad y su desenmascaramiento (se exponen con ligera profundidad. Se invita al lector a ampliar el tema con los contenidos de nuestro portal y de las web que allí recomendamos)

3.2. Amenazas actuales contra la Familia (sólo se mencionarán. Se invita al lector a ampliar el tema con los contenidos de nuestro portal y de las web que allí recomendamos)

4. Las Familias Cristianas: Testigos de Esperanza en el mundo actual

5. Recomendaciones para la vivencia y promoción de los Valores en la Familia

 

1. Familia y sociedad

 

La familia es, sin lugar a dudas, la base fundamental de la sociedad. En ella el ser humano crece y se desarrolla, recibe educación, aprende los valores e inicia la socialización. En la familia, cada uno de sus miembros es amado y valorado por lo que es, es decir en cuanto persona y no por lo que tiene o lo que pueda dar materialmente.

 

Según sea el estado en que se encuentren las familias de una determinada época o lugar, esa misma será la situación, que podrá ser buena, regular o mala, en que se encuentra dicha sociedad. Por tanto, todo aquello que favorezca el bienestar a las familias repercutirá positivamente en el conjunto de la sociedad; y aquello que debilite o perjudique a las familias dañará también a la sociedad.

 

Dado que el ser humano no es una creatura puramente material (cuerpo) sino también espiritual (alma), es lógico que el bienestar de la familia no se refiere únicamente a la posesión y goce de bienes materiales y servicios, sino también de la armónica relación interpersonal entre sus miembros y de la vivencia y transmisión de los valores; es decir, al desarrollo integral del ser humano, incluyendo su espiritualidad.

 

2. La vivencia y promoción de los Valores: una necesidad

 

Considerando lo anterior, queda clara la necesidad imperiosa que todos tenemos de conocer, practicar y promover las virtudes humanas (Prudencia, Justicia, Fortaleza, Templanza, etc.) y las sobrenaturales (Fe, Esperanza y Caridad). Así, pues, la vida personal y familiar se nos presenta a cada uno, a cada una, como una continua tarea de lucha por orientar la propia conducta al genuino bien humano, pues sólo de esta manera encontramos la verdadera felicidad, que es siempre interior al ser humano y no exterior a él. En efecto, la felicidad consiste sobre todo en esa paz y ese gozo interiores que se experimentan cuando se vive según los principios de una conciencia recta. Un riesgo común a todo hombre, a toda mujer, es el de confundir la felicidad, la verdadera felicidad, con el mero disfrute de los placeres sensibles y la posesión de bienes materiales, que es lo que tantas veces nos sugiere el mundo en que vivimos.

 

3. Hostilidad del mundo actual respecto a la Familia

 

Las verdades contenidas en los párrafos precedentes resultan lógicas y claras para casi todas personas, al menos desde el punto de vista teórico. Sin embargo, si examinamos con un poco de detenimiento el mundo en que vivimos, nos percatamos rápidamente de la existencia de un ambiente verdaderamente hostil y contrario a la familia en múltiples aspectos, como el creciente materialismo y otros anti-valores con que somos bombardeados continuamente por muchos medios de comunicación (prensa escrita, radio, televisión e internet), así como también por parte de numerosas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales de tipo local, nacional e internacional.

 

3.1. Algunas ideas falsas muy extendidas en la actualidad

 

A continuación, expondremos algunas mentiras que pretenden vendernos diariamente, unas veces de modo velado y otras, abierta y descaradamente. Posterior al enunciado de cada una de ellas, seguirá un breve análisis que nos permitirá desenmascararlas y evitar dejarnos arrastrar por ellas:

 

Idea Falsa # 1

La inteligencia humana se explica únicamente por el funcionamiento del cerebro. Es decir, que el hombre es inteligente sólo porque la evolución lo llevó a tener un cerebro altamente desarrollado y complejo, y nada más.

 

Aclaratoria

Esa idea carece de todo fundamento científico. La ciencia nunca ha demostrado, ni podrá demostrar jamás, que la inteligencia se debe únicamente al funcionamiento cerebral. Lo que sí se ha demostrado es que hay actividad cerebral asociada a los procesos cognitivos.

 

Por otra parte, los griegos demostraron filosóficamente hace más de 23 siglos que la inteligencia es una facultad espiritual, no física, del ser humano (Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro I, Cap. VIII).

 

Además de lo anterior, nosotros como cristianos sabemos por Fe que Dios creó al hombre a Su Imagen y Semejanza. Es decir, siendo Dios el único Ser Supremo e Infinitamente Inteligente, quiso por puro Amor crear al hombre, un ser dotado de cuerpo (materia) y alma (espíritu), y es justamente en el alma espiritual donde radican la inteligencia y voluntad, facultades que nos hacen semejantes a Dios.

 

Idea Falsa # 2

Con la muerte se acaba totalmente la existencia humana; no hay un más allá después de esta vida.

 

Aclaratoria

Esto no sólo es contrario al deseo natural que tiene todo ser humano de vivir por siempre, sino que también se opone al recto pensar, pues los mismos griegos afirmaban ya la existencia de un más allá como consecuencia lógica de su realidad espiritual. Y no sólo eso, sino que incluso dejaron entrever que en ese más allá el hombre sería plenamente feliz viviendo en la contemplación (Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro X, Cap. VIII).

 

También la Fe nos enseña que la muerte no es el final absoluto de la existencia humana, sino que “La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo” (Misal Romano, Prefacio de difuntos).

 

«La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino. Cuando ha tenido fin “el único curso de nuestra vida terrena” (Lumen Gentium, n. 48), ya no volveremos a otras vidas terrenas. “Está establecido que los hombres mueran una sola vez” (Hb 9, 27). No hay “reencarnación” después de la muerte» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1013).

 

Idea Falsa # 3

Si el ser humano es sólo materia, pura biología, y no hay en él ninguna realidad espiritual que trascienda los límites de la muerte natural, lo que toda persona ha de buscar es principalmente la posesión de riquezas materiales y el goce de los placeres sensibles.

 

Aclaratoria

Esta es, quizá, la idea en que más insisten los medios de comunicación en la actualidad. Por supuesto, muchas veces no la plantean abiertamente sino mediante una continua referencia publicitaria de todo lo que gira en torno al dinero y a los placeres sensibles. Asimismo, la vida de personas adineradas y famosas se propone como el ideal que todos debemos perseguir, intentando hacernos creer que en eso consiste la felicidad. Al mismo tiempo, omiten sistemáticamente todo aquello que pueda hacer referencia al sentido trascendente de la vida humana y a Dios.

 

Pensar que la vida humana está limitada a lo puramente biológico, nos lleva fácilmente a vivir según aquella frase clásica de los Romanos recogida por San Pablo en una de sus epístolas: “comamos y bebamos que mañana moriremos” (1 Cor 15,32). Y es que, en efecto, quien se orienta únicamente a satisfacer sus apetencias sensibles cae en la penosa situación descrita por el Apóstol: “el hombre animal no puede entender las cosas que son del espíritu de Dios, pues son necedad para él” (1 Cor 3, 14). Y es éste, justamente, el camino que muchos toman alejándose así de su propia felicidad y dirigiéndose, paradójicamente, hacia aquello que intentaban evitar a toda costa: una vida vacía y triste. Realmente son numerosas las personas de las que se puede decir aquello de: “son tan pobres, tan pobres, que lo único que tienen es mucho dinero y bienes materiales”, pues sus vidas son huecas.

 

Es por ello que siguen siendo enteramente válidas y actuales –aún después de 23 siglos–, aquellas palabras de Aristóteles: “no… hay que dar oídos a quienes nos aconsejan, con pretexto de que somos hombres…, que pensemos [sólo] en las cosas humanas y mortales, sino que en cuanto nos sea posible hemos de inmortalizarnos y hacer todo lo que en nosotros esté para vivir según lo mejor que hay en nosotros” (Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro X, Cap. VII). Obviamente, ese “según lo mejor que hay en nosotros” habla de la necesidad de llevar una vida recta para lograr así la felicidad.

 

Idea Falsa # 4

Las normas morales son relativas, es decir dependen de la época o cultura en que se vive. Lo que hace siglos era moralmente malo ahora podría ser bueno; el bien y el mal son relativos porque reflejan sólo la opinión y las creencias de la mayoría de las personas de una determinada época o lugar.

 

Aclaratoria

Es innegable que el relativismo ha llegado a originar en nuestros días, como bien lo hizo notar San Juan Pablo II (Carta Encíclica Veritatis Splendor, n. 32), una verdadera crisis en torno a la verdad. Sin embargo, cuando pensamos las cosas con detenimiento nos percatamos de que tal postura conduce a un absurdo, pues nos lleva a conclusiones que van en contra de la experiencia común.

 

Examinémoslo con calma: ninguna persona en su sano juicio negará que los sentidos (vista, tacto, olfato, gusto) le permiten entrar en contacto con el mundo que le rodea, y no sólo eso sino que el modo característico en que su intelecto llega a conocer las cosas es a través de las percepciones que aquéllos le proporcionan. Pero conocer, saber, no suele entenderse en el sentido de hacerse una idea vaga de las cosas o alcanzar un consenso acerca de lo que ellas son, sino de captar su esencia: aprehenderlas. De no ser así no existirían las ciencias, ya que nos conformaríamos con pensar algo acerca de las cosas y ya, pero no es eso lo que hacemos. Por el contrario, dedicamos años de investigación poniendo a prueba nuestras ideas para ver si corresponden o no a la realidad, si las cosas son como nosotros pensábamos o de otro modo. Quizá un ejemplo tomado de la vida diaria esclarezca aún más lo familiar que nos resulta la noción de verdad objetiva y cuán frecuentemente la usamos: cuando tenemos una enfermedad no nos basta hacernos una idea de lo que tenemos, ni mucho menos decidimos tomar remedios que suponemos nos van curar de esa enfermedad sino que buscamos a un médico, a alguien que sepa realmente –de verdad– lo que padecemos; y que, en virtud de sus conocimientos –y no simplemente de su parecer o sus ideas–, sea capaz de atinar con el remedio adecuado para curarnos del mal que nos aqueja. Más aún, cuando el fármaco prescrito nos cura, no decimos que el médico tuvo una buena idea, una opinión acertada, ni mucho menos que la pegó por casualidad; más bien decimos que el médico sabía, que conocía de verdad, objetivamente, qué enfermedad teníamos y cuál era su remedio.

 

3.2. Amenazas contra la Familia en la actualidad

a. El Neo-Paganismo o Ateísmo Práctico (Materialismo Consumista)

b. La Mentalidad Divorcista y el rechazo del Matrimonio Sacramental

c. La Banalización de la Sexualidad

• El desprecio de la Virginidad

• La pornografía

• Las relaciones sexuales en adolescente y jóvenes solteros

• La explotación de la mujer, exponiéndola como si fuera un objeto sexual de consumo en la publicidad

• La prostitución

• La infidelidad conyugal

d. La mentalidad anti-concepcionista, en personas solteras y casadas

e. La mentalidad abortista, en personas solteras y casadas

f. Las Ideologías de Género

• Homosexualismo: Gaysismo y Lesbianismo

• Transexualismo

• Bisexualismo

g. Las adicciones

• Químicas (drogas ilegales, alcohol, nicotina, fármacos psicotrópicos)

• Conductuales o No Químicas (a los juegos de azar, a los mensajes de texto, a internet, a la televisión, al trabajo, al sexo, a internet, a la delgadez, etc.)

 

4. Las Familias Cristianas: Testigos de Esperanza en el mundo actual

 

Hemos de saber que, a pesar de las dificultades y las adversidades, Jesús y María siempre están a nuestro lado; ellos jamás nos abandonan. Todo cristiano, toda cristiana, ha de vivir siempre alegre y optimista. No con la falsa alegría del que vive en las nubes, sin saber lo que acontece en el mundo, sino con la alegría y el optimismo del que tiene la Esperanza cierta, firme, en la Infinita Misericordia de Dios y de la continua intercesión de la Santísima Virgen María ante Dios por nosotros.

 

Siguiendo las enseñanzas de nuestra Santa Madre la Iglesia, procuremos vivir como fieles seguidores de Nuestro Señor Jesucristo. Nosotros estamos llamados a ser la sal del mundo, fermento entre la masa. Pero esa maravillosa tarea sólo la podremos realizar de la mano del Señor de la Historia. En realidad, no seremos nosotros los que realicemos esa tarea sino Él a través de nosotros. No seamos, pues, un estorbo para Su Acción Salvadora en el mundo.

 

Y como seguramente ustedes esperan algunos pequeños consejos o sugerencias para poner en práctica lo que aquí hemos hablado, les dejo algunas ideas.

 

5. Recomendaciones para la vivencia y promoción de los Valores en la Familia

 

1. Las virtudes humanas pueden y deben ser practicadas por todos, también por ti.

2. En lugar de querer cambiar la conducta de los demás, cambia tu propia conducta.

3. Dedica diariamente 10 minutos o más a la oración, a ese trato personal e íntimo con Dios.

4. Lee cada día 5 ó 10 minutos de los Santos Evangelios u otros textos de la Sagrada Escritura. Allí te espera Dios mismo para hablarte al corazón.

5. Dedica el mayor tiempo posible a tu cónyuge y a tus hijos. Recuerda que ellos son tu principal negocio y una maravillosa responsabilidad que te ha sido confiada.

6. Participa todos los domingos en la Santa Misa con verdadero amor, es decir queriendo agradar a Dios, nuestro Padre.

7. Procura crecer en la devoción y trato con Nuestra Madre del Cielo, la Santísima Virgen María, y trata de rezar el Santo Rosario con la mayor frecuencia posible.

8. Recibe con frecuencia los Sacramentos, especialmente la Confesión y la Sagrada Comunión.

9. Invita amablemente (no obligues) a tus familiares a participar en la Santa Misa dominical y a recibir los Sacramentos.

10. Enseña con cariño a tus hijos e hijas a rezar por la mañana y por la noche, y que ellos vean que tú rezas con frecuencia, que los llevas a oír la Santa Misa los domingos y que te confiesas y comulgas.

11. Lee con frecuencia la biografía de un santo, o un libro escrito por algún santo.

12. Esfuérzate por hacer más agradable la vida a los demás. No te busques tanto a ti mismo, a tus gustos, procura más bien servir y entregarte a los demás.

13. Ten siempre presente que los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos.

14. Entiende bien que la educación consiste en transmitir valores, tanto con las palabras como con el ejemplo (respeto, prudencia, obediencia, sinceridad, honradez, pudor, castidad, lealtad, humildad, moderación en las comidas y bebidas, etc.). No vayas a creer que estás educando bien a tus hijos porque los has inscrito en un colegio reconocido y costoso. Allí se recibe instrucción académica, la educación debes dársela tú.

 

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Que el Niño Jesús, María Santísima y San José bendigan nuestras familias. Amén.

 

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